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QUINTERO, Jhafis

Panamá, 1973
Vive en Verona, Italia

Quintero comenzó su carrera como artista durante su condena de diez años de prisión, gracias a Haru Wells, una mujer determinada a demostrar de que el arte es un sustituto eficaz contra la delincuencia. Wells enseñó el arte a Jhafis, que encontró en esta disciplina una forma natural para nutrir y re-canalizar el apetito por la transgresión que le llevó a la delincuencia, y para encontrar una manera de ser él mismo sin dañar a los demás. Mientras estaba en prisión, participó en concursos nacionales de arte y exposiciones en San José, Costa Rica, con piezas que fueron galardonadas con menciones honoríficas.

Su experiencia en la cárcel juega un papel primordial en su obra. Existe una percepción peculiar del paso del tiempo y sus implicaciones para un cuerpo sumergido en ese espacio/tiempo determinado; es una cuestión de límites físicos y mentales, una reflexión constante sobre la muerte que se desliza sobre la vida de los internos. Su práctica artística se deriva tanto de sus experiencias personales en el mundo de encarcelamiento, el silencio, la inseguridad, sino también de la imaginación y la creatividad dirigidas a la búsqueda de medios de supervivencia. Él es capaz de crear estructuras con lucidez manteniendo constantemente una perspectiva irónica e incluso humorística que le impide caer en la miseria y la autocompasión. 


En la X Bienal Centroamericana:

Jhafis QUINTERO
Spiders, 2014
Video, color, 1’33’’
Cortesía del artista. Galería Sabrina Amrani

En torno a Spiders:

A través de las grietas del hormigón, un cuerpo preso escapa de la arquitectura institucional de confinamiento para alcanzar al otro, en un último intento por salvaguardar su humanidad. Este trabajo hace una clara referencia a la película Un Chant d’Amour (1950) del escritor Jean Genet, en el que un prisionero y su guardián se prestan a fantasías sexuales a través de la mirilla de la puerta de la celda, borrando los límites entre interior y exterior, y reconfigurando temporalmente el “yo”. El cuerpo, reducido a su capacidad sensorial y sensual, sobrepasa sus propios límites y provoca un giro metafísico gracias al cual, el cuerpo deja de ser la prisión del alma para ser, exclusivamente, el medio de liberación de ésta. J.Q.

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